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La Fiesta del Barte

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La fiesta de "El Barte" en Larrea









Kepa RUIZ DE EGUINO
Publicado en: EUSKONEWS

Como marca la tradición, cada 4 de Julio acuden los habitantes de Larrea al pueblo alavés de Hermua a celebrar el día del “Barte”.

El presente trabajo quiere homenajear a dos personas, entre las muchas que han mantenido año tras año viva, la tradicional romería que celebra éste pueblo, la romería del “El Barte”, Miguel Ilarduya y Pepe Lezea.


Miguel Martínez de Ilarduya y Fernández de Troconiz, sacerdote, nació en La Madura (Agurain) y durante muchos años ejerció su labor pastoral en la zona de Barrundia, era también profesor de la Facultad de Farmacia en la UPV, gran txistulari y un entusiasta de las tradiciones y costumbres de éste hermoso valle alavés.

Durante muchos años Miguel trabajó y luchó para impulsar esta romería del Barte, organizando la misa al aire libre, animando y dirigiendo el tradicional baile. Feliú en su libro
Gure Herria. Tradiciones del País Vasco escribía:

“Es verdaderamente bonito, es muy agradable asistir a esta misa diferente, con este cura, con esta gente campesina, con este inmenso pan que todos devoran con fruición. La cosa no puede ser más sencilla. Es la magia de la tradición de “barte” lo que la llena de encanto”.

La otra persona es Pepe Díaz de Lezea, también de Agurain, txistulari, hijo y nieto de txistularis y que durante la segunda mitad del siglo pasado estuvo tocando el tradicional aurresku, para que lo bailaran las gentes de Larrea.

La fiesta de San Martín
Aunque la fiesta de San Martín se celebra el 11 de noviembre, el 4 de Julio se conmemora la Traslación de San Martín de Tours.

El pueblo de Larrea (Barrundia) celebra cada 4 de julio, la tradicional fiesta de “El Barte” desde hace más de quinientos años en la ermita de San Martín del vecino pueblo de Hermua.

La fiesta comienza con una vereda a las nueve de la mañana, la cual es obligatoria, y en la que los vecino limpian los caminos, fuentes y los accesos a la iglesia. Después a media mañana se almuerzan los tradicionales cangrejos del río, después de recibir a los txistularis.

Al mediodía y tras la kalegira por el pueblo con los txistus se realiza un ensayo del aurresku que se bailará a la tarde, actualmente los txitularis los envía la Diputación, hasta hace unos años se encargaba la familia Lezea de Agurain de tocar el txistu, cerca de cien años estuvieron animando esta fiesta tanto el abuelo, oriundo de Zalduondo, como el padre y, por último, Pepe Lezea hasta su muerte hace unos años.


Después de la comida, a las cinco de la tarde, parte la comitiva con el Sr. cura y los txistularis desde la iglesia de Larrea, hasta Hermua todos en romería por la carretera que une ambas localidades, hasta hace unos años este recorrido se realizaba por el camino de Saroste, pero al realizarse la concentración parcelaria el camino despareció.

Al son del txistu y el tamboril y anunciado en todo momento con el lanzamiento de cohetes, se llega hasta la casa cural y de allí a la ermita de San Martín de Hermua, una de las más antiguas de la Llanada junto a la de Aistra de Zalduendo, de estilo prerrománico, tal y como lo atestigua el ventanal que da al Este.


Una vez en la ermita se saca la imagen del santo y se coloca en la mesa donde presidirá la celebración religiosa y la tradicional bendición de “El Barte”. Comienza esta celebración con la lectura de los nombres de los vecinos, es obligatorio, bajo multa, una persona como mínimo por cada casa de Larrea, el encargado de pasar lista nombra a todos, uno por uno, y contestan presente y termina diciendo “Mi persona”.


El Barte

Al parecer una de las leyendas de los orígenes de la fiesta fue la venta de la imagen del santo por los vecinos de Larrea a los de Hermua. Por esta venta cobraron un barte de maíz, pero con una condición: que todos los años pudieran visitar el santo, yendo por el citado camino. La palabra “barte” fue recogida por Federico Baraibar, en su Vocabulario de palabras alavesas del año 1903, con esta definición: “Torta o pan hueco, hecho con harina de segunda”. Y añade: “Los vecinos de Hermua echan en cara a los de Larrea que vendieron un San Martín por un “barte”. Los vecinos de este pueblo tienen sobre los de Hermua el derecho de que en la fiesta de su patrón San Martín les den sal y fuego para preparar las meriendas”.


Según Hernrike Knörr, la palabra “barte” es de indudable aspecto vascuence, como préstamo del latín “partem”, en sentido de “parte” (de pan).

Las personas mayores de Larrea cuentan que se llama “Barte” o “barte de familia”, al pan común o de segunda, también llamado pan de comunia, que lleva la hoja ancha del remoyuelo o salvado y que por ello sale más oscuro de aspecto. En las fiestas del pueblo se cocía pan de comunia y pan blanco. Sólo el de segunda es “barte”.

Tras la ceremonia religiosa se bendice “el barte” o gran pan, que según la tradición se reparte entre los presentes, los de Larrea “regalan” el “barte” a los de Hermua, a cambio de poder visitar esta ermita cada año y poder jugar a los bolos en el juego bolos (hoy desaparecido) de Hermua.
Otra tradición mantiene que los vecinos de Larrea han de personarse la tarde del 4 de Julio ante la ermita del Santo, so pena de perder los derechos de pasto en el monte Armuegui.


Al terminar la celebración religiosa los hombres al son del txistu y tamboril bailan el tradicional AURRESKU uno por uno, después sacan a una chica, le lanzan una boina al suelo y se baila alrededor de ella, más tarde todos con las manos unidas bailan alrededor de los txistus, para finalizar con una jota (sobre este aurresku hay un par de artículos publicados en las revistas “Dantzariak”, donde Pepe Díaz de Lezea , txistulari de Agurain, explicaba cómo se realizaba este tradicional baile).


El aurresku de Larrea

Una vez comido el “Barte” y bebido el vino se parte hacia Larrea. Se recorre de vuelta el camino, primero se pasa por la “casa del cura” donde se baila una jota y después se vuelve por la carretera hasta la iglesia de Larrea, acompañados por la música de los txistus y tamboril.

Tras la cena a las 12 y media de la noche se vuelve a bailar el aurresku en la Plaza de Larrea, de nuevo uno a uno los vecinos van bailando el tradicional baile, más tarde sacan a las chicas, para terminar de bailar todos agarrados por la manos.

Tradición inmemorial

Según la tradición se celebra esta romería desde tiempo inmemorial, existe un escrito de 1535 donde ya se habla de una sentencia dictada por un juez en la que decía que los de Larrea podrán seguir celebrando visita a la ermita de San Martín en Hermua, como lo vienen celebrando desde tiempo inmemorial, sentencia debida a un litigio sobre unos terrenos comunales, o pastos que ambos pueblos tenían en la cercana peña Aldaia.

La sentencia que dictó el juez decía que los de Larrea tenían derecho a seguir celebrando fiesta en la ermita de San Martín por haber sido antiguamente dicha ermita propiedad de los de Larrea, según J. Jiménez, a cambio de este derecho los de Larrea entregaran un “barte” o gran pan a los de Hermua, además de poder jugar a los bolos en el juegobolos de Hermua.



Fiesta con arraigo popular

Entre las fiestas que se conservan en nuestra provincia, con un gran arraigo popular y que a través del tiempo no han sufrido interrupción alguna, se encuentra el día del Barte que festejan los de Larrea en su pueblo y en la Ermita de San Martín del lugar de Hermua el día 4 de Julio.

La tradicional fiesta del “Barte” en Larrea aparece documentada en el siglo XVI y es una de las más interesantes de la provincia de Álava, dejando constancia que en lo que se refiere a su origen nada se sabe dado que en dicho año aparece ya como

Fiesta con arraigo popular

existente en tiempos pretéritos, por lo que es una de las más antiguas de toda la provincia, junto con la fiesta de la Independencia de Elciego (de 1583), San Roque de Laudio (de 1599) Las Entradillas de Arrastaria (de 1539), Sallurtegui de Agurain, etc.

Todas ellas y muchas más entran perfectamente en el capítulo genérico de "populares" y "tradicionales", porque todas ellas se celebran por y para el pueblo, y todas ellas se hallan plagadas de detalles que reflejan la mentalidad del pueblo que las vive, la cultura a la que pertenece y el apego a las formas ancestrales de exteriorización de los modos expresivos de las fiestas. Sin que ello quiera decir que estas formas permanecen estáticas o dormidas en el pasado, sino que van siendo objeto de transformación de este tipo y calidad que han quedado calificadas de naturales, normales, aceptables, positivas pues siguen siendo reflejo de la forma de ser del pueblo que lo ejecuta por el buen nombre de la propia fiesta.

La fiesta de "El Barte"  
Aurresku del Barte


Es el nombre con el que se conoce a la danza que con creciente entusiasmo el día cuatro de julio de cada año los vecinos de Larrea en el cercano pueblo Hermua, después de asistir a la función religiosa que celebran en honor de San Martín, para cumplir con la costumbre de la que hay constancia en documentos del archivo de Larrea referidos a una sentencia arbitraria, fechada en el siglo XVI, que dirimió diferencias sobre pastos, agua, etc. entre los dos pueblos citados y en las que quedó claro el derecho de los de Larrea a "montar juego de bolos y hacer danza" en el vecino pueblo de Hermua cada año por referido día.


Intervienen en la danza sólo los vecinos, es decir, los cabezas de familia, o un representante de ellas y unos “pocos vecinos honorarios”. Comienzan con un “gizon dantza”, en la que todos ellos toman parte. Cuando cambia el ritmo de contrapás a contradanza el vecino más distinguido trenza los compases de la melodía delante de la chica que ha sido elegida por los “jurados” de la danza y colocada en el centro del círculo. Antes ha dejado la boina en el suelo, sobre la que baila el dantzari dando vueltas alrededor de la dama, procurando no pisar la boina ni tocar a la señora.

Finalizada la melodía, el jurado tira al aire la boina, el vecino toma de la mano a la dama y la introduce en la “soka”, volviendo todo ello al ritmo de contrapás y repitiendo la danza con el mismo ceremonial hasta que han bailado todos y cada uno de los vecinos ante la dama a la que le ha tocado en turno.

El complemento de la danza es el “arin arin” y el fandango u “orripeko” que no se baila en el mismo lugar sino ante la casa cural situado en el prado de la estrada, paso obligatorio para entrar y salir del pueblo al dirigirse al de Larrea, donde prosigue la fiesta.

Hay quienes aseguran que los de Larrea vendieron la imagen de San Martín por un (Barte) trozo de pan, a los de Hermua, con la condición de que les cediesen la ermita para hacer la fiesta en la citada tarde de julio, poniendo a disposición el juego de bolos y el agua para refrescarse, teniendo obligación los de Larrea de hacer el camino que separa los dos pueblos por la estrada de Saroste, llevando el tamboril y los cohetes para la fiesta. Otros aseguran que la cesión de unos pastos por los de Larrea a los de Hermua es el motivo de que ese día tengan derecho al uso de la ermita y del juego de bolos.

Tres generaciones al menos, los Díaz de Lezea (Angel, Aniceto y José), tamborileros el abuelo,

Los Lezea y la fiesta del Barte

e Zalduendo y los restantes de Salvatierra - Agurain, han sido los encargados de la música del txistu de el “barte”.

A Pepe Lezea (perdió el Díaz por desidia del escribiente de turno), le solía acompañar el también aguraindarra Eulogio Pitillas como atabalero.

Por traslado a la vecina Araya, le sustituyó durante tres o cuatro años Manolo García de Andoain, que acudía acompañado de algún otro txistulari del grupo Oldarki al que pertenecían ya estos en 1967. Les sucedió Ignacio Pérez Viñegras como txistulari y Jesús Moraza (padre) como atabalero.

En compañía del txistulari aguraindarra Jesús Ruiz de Larramendi, Patxo visitó a Pepe el 18 de agosto de 1978, quien narró como efectuaban la fiesta en su juventud:

La primera vez fue con su padre (Aniceto) contando 15 años a sustituir a su abuelo Ángel. Éste estuvo en vela hasta que regresaron de la fiesta. (1 o 2 de la mañana) para saber cómo se habían desenvuelto sin él.

El trayecto desde Salvatierra, donde vivían, lo hacían a pie (aunque en los últimos años contaban con vehículo solamente 2 o 3 veces lo hicieron en él)

Iban por Heredia a Zuazola y de aquí a Larrea llegando hacia las 11 y media antes de que entraran en el pueblo, un vecino que estaba a la expectativa en el instante que les divisaba disparaba un cohete. En este momento los vecinos que con anterioridad habían acudido a misa de diario y estaban de vereda, dejaban ésta, para que algunos de ellos salieran a su encuentro, como mínimo, hasta el puente de Zilibur y desde aquí tocando una biribilketa entrar en el pueblo.

La vereda la dedicaban principalmente al acondicionamiento y reparación de los alrededores de la iglesia, el cementerio, el lavadero y la estrada de Sarroste.

La comida que les servía a los txistularis la casa o taberna encargada por el Concejo siempre contaba con cangrejos como uno de lo platos.

A las cinco menos cuarto de la tarde, al disparo de un cohete, los txitularis se dirigían de la casa donde habían comido a la parte delantera de la parroquia al son de una biribilketa, donde una vez reunidos los vecinos se dirigían todos por la carretera hasta la estrada de Sarroste, donde dejaban de tocar, para adentrarse por ella, previo disparo de cohete, e ir hasta de Sarria delante de la casa cural de Hermua. En caso de mal tiempo, siempre algún vecino iba por la estrada para cumplir con la tradición, si bien, la mayoría lo hacía por la carretera y a la entrada de Hermua por un sendero dirigirse a Sarria empezando nuevamente la biribilketa y pasando por el juego de bolos y llegar hasta la ermita de San Martín en el mismo Hermua.

Después del rosario, al salir de la ermita formaban la cuerda, y separándose la primera y la última mano bailaban el desafío. El segundo y el anteúltimo eran los encargados de buscar las mujeres, siendo la del Alcalde de Hermua para la primera mano y la del Regidor para la última, mujeres a las que tenían que ir a buscar a sus casas, pues nunca los vecinos de Hermua asistían a la fiesta.

La cuerda giraba en sentido contrario a las agujas del reloj y al llegar a los servidores con las txapelas en la mano uno delante y otro detrás la mujer del alcalde daban dos vueltas en sentido contrario a la cuerda y por fuera de ésta. Ya en su sitio empezaban la música del contrapás. La primera mano ofrecía la boina a la mujer que la conservaba en las suyas o bien se la ponía (según carácter), y bailando una parte al txistulari y el resto a la mujer, después el servidor de la primera mano bailaba banako alrededor de la txapela que había depositado a los pies de la mujer elegida para su mano, tratando de arrimarse a ella y levantarle la saya con la punta del pie al menor descuido, con el regocijo de los que ríen el atrevimiento. Sacaban a continuación a la mujer del regidor para la última mano y le bailan el mismo ritual que a la primera. Una vez finalizado éste, introducen en la cuerda tantas mujeres como hombres figuren en ella y completa ésta se separan la primera y la última mano con las respectivas mujeres formando un corro y el resto en otro bailan la jota y los puerros y todos en una cuerda nuevamente bailan la marcha, haciendo puentes, recibiendo algún que otro golpe al pasar por debajo de las manos entrelazadas. Después del consabido disparo de cohetes, parten hacia el juego bolos de Hermua, donde echaban unas “pasadas” (hoy en día esta en estado ruinoso) y habiendo jugado se dirigen de nuevo a la campa de Sarria y bailan otra vez, jota y puerros.
Suena la biribilketa y parten por la carretera hacia Larrea, unas veces bailando y otras andando, llegan al pueblo deteniéndose en el pórtico de la parroquia donde toman un refrigerio, mientras el tamborilero toca algún zortziko de audición o algún que otro bailable.

Después de un descanso merienda en el Concejo, donde darán cuenta de ella entre charlas y cantos.

A los txistularis se les suministraba la merienda en la taberna o casa encargada por Concejo.

Acabada la cena, salen a la explanada que hay junto al Concejo en el término de Uruguru, formando cuerdas para bailar de nuevo el aurresku con igual ceremonial que en la ermita de San Martín de Hermua, pero esta vez sacando a la cuerda a las mozas de Larrea y bailando además todos los que componen la cuerda al pasamanos.

Otro aurresku bailaban a continuación los jóvenes con iguales figuras, pero sacando a las mujeres mayores casadas del pueblo, después, los mozos acompañaban a los txistularis que se dirigían a la taberna tocando una biribilketa donde eran despedidos para emprender el regreso a Salvatierra.

Existe en el Archivo de Agurain una carta del alcalde de Larrea, pidiendo que, aunque el Día del Barte caiga en domingo, se permita a Pepe Lezea ir a esa romería, después de cumplir sus obligaciones en la Villa como txistulari municipal que era, dado que dicha familia llevaba desde tiempo inmemorial tocando en la fiesta.


Esta ermita que está situada en el centro del pueblo ha sido reconstruida varias veces, tiene hoy escaso valor artístico, aunque fuerte solera histórica y popular. Prueba su antigüedad un curioso ventanal que puede situarse en épocas del románico muy primitivo y hasta enraizarse acaso en tradiciones prerrománicas.

Se trata de un vano muy estrecho, situado en la cabecera de la ermita, y rematado en un arco de herradura, muy pronunciado, con triple muesca en arquivoltas y jambas.

La ermita tuvo bóveda que necesitaba reparos en 1759 y que se rehizo en 1798. Su cubierta actual es de viguería.


La ermita de San Martín de Tours de Hermua

La imagen de San Martín, es de estilo neoclásico y es obra de Alejandro de Valdivieso, quien la ejecutó y pintó en 1849, para colocarla en un retablo, hoy desaparecido y pagado el mismo año a pablo de Garay, vecino de Aretxabaleta. La imagen es una talla de escasa calidad, como todas las del final del taller de los Valdiviesos.

Esta imagen sustituyó, muy posiblemente, a una antigua retirada, como tantas otras, en momentos de incomprensión hacia lo medieval. En la visita pastoral de1819, se encargaba, en efecto, el cura y mayordomo de Hermua que se retirasen las imágenes viejas de la ermita de San Martín, y que se hiciese una nueva del santo titular.

San Martín de Hermua y su ermita, fueron objeto de culto inmemorial por parte de los vecinos del pueblo y de otros de la comarca.

En 1556 la ermita carecía de renta, pero más tarde tenía una casa y cinco heredades que, aún en el siglo pasado, se arrendaban "a candela encendida" por dos fanegas de trigo y una peseta al año; a parte del pago de esta renta tenía el arrendatario la obligación de alumbrar la ermita tres días por semana a su propia costa, y de aportar la cera necesario en funciones.

Los vecinos de Hermua dejaban mandas testamentarias para ornamentos y alumbrado de la ermita, en la que se celebran a veces los cultos parroquiales, particularmente en momentos "de inundaciones y avenidas de aguas, frecuentes por la localidad metida en dos valles". Por esto pudo conseguirse en 1809 que la ermita de San Martín no fuese comprendida en Reales ordenes de venta de Obras Pías y Capellanías.


Notas:
Libro de la ermita de San Martín
(años 1769-1849. Cuentas de 1798).
Libro de la ermita de San Martín. Cuentas de1849 folio 161.
Testamento de Juan Díaz de Heredia 26 de Octubre de 1550.Carpeta de documentos sueltos. Leg. S.n.
Memorial y testimonio al Comisionado Regio
para la venta de Obras Pías 27 y 29 de Abril de 1809. Carpeta de documentos sueltos.

Bibliografía:
Archivo Municipal de Agurain
(carta del Alcalde de Larrea al de Agurain).
Archivo de Larrea.
Catálogo Monumental Diócesis de la Llanada.
Micaela Portilla.
Alava en sus manos.
Joaquín Jiménez (tomo 4) "La Danza en Alava" y "El alavés carácter y costumbres" año 1983, pag. 49.
Vocabulario de las Palabras Alavesas. Federico Baraibar (1903)
Ohitura, nº 3.
Patxo Fernández de Jauregui.
Revista "Txistulari".
Pepe Lezea, homenaje. Kepa Mª Pinedo.
Dantzariak , nº 2.
Fiesta del Barte.
Bandas de Música y Txistularis de Salvatierra-Agurain. Kepa Ruiz de Eguino.
Gure Herria- Cortumbres y Tradiciones del País Vasco -
La Traslación de San Martín de Larrea. Alfredo Feliú Corcuera.


 
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