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Igoroin-la-Selva-Verde

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LA SELVA VIRGEN DE IGOROIN

La selva verde del Barranco de Igoroin

En la cabecera del barranco cuyas aguas, pasando por Santa Pía y Leorza, se unen en al río Ega en las inmediaciones de Maestu. En el siglo XIX sólo había una casa que sufrió un incendio hace ya muchos años, es todo lo que queda del antiguo pueblo de Igoroin, hoy despoblado y abandonado en uno de los lugares más inhóspitos e impresionantes de la montaña Alavesa.

En el año 1762 era patrón de su iglesia el señor don Pedor Ortiz de Zárate y Guebara.

Poco después a principios del siglo XIX, tenía dos vecinos, y a mediados del mismo siglo, ya era solamente uno el morador del lugar. Su iglesia que estuvo dedicada a San Martín en el año 1874 no tenía ya Sacramentos y sus ruinas con labores románicas muy interesantes, se aprovecharon para la construcción de un borde inmediato a la única casa que quedaba en el pueblo, que según contaba Madoz no dudamos que desaparecerá en breve plazo, pues el terreno no es agradable ni productivo por lo selvático que se encuentra y únicamente tenía algo de vida por existir un cercano molino, ya fuera de uso, lo que acelerará rápidamente la completa pérdida de éste lugar.

IGOROIN LA SELVA VERDE

Estamos en los pueblos más altos de Alava: Onraita, Roitegi e Ibisate. Entre ellos, el río Musitu ha ido socavando un fenomenal barranco que en estas fechas y cada año está pletórico.


Barranco de Igoroin

Desciendo por él hasta las ruinas del molino, donde, nunca mejor dicho, los árboles no dejan ver el bosque.

Regresando por la cornisa norte, casi como pisando buitres que, asustados, me asustan a su vez, saliendo bajo nuestros pies.


EL OTOÑO EN IGOROIN

En los otoños secos como el de este año, los colores van de arriba abajo y recorren las copas de los árboles como un incendio frío y silencioso. Las zonas más expuestas al sol han adelantado la caída de la hoja por el déficit de agua, pero las zonas sombrías han conservado la humedad. El resultado es que el espectáculo fugaz de la metamorfosis del bosque es desigual. Se puede comprobar desde cualquier mirador del barranco de Igoroin, en la carretera de montaña que va de Maeztu a Musitu, inicio de una de las posibles rutas o en las cercanías del pueblo de Onraita, arranque de otra.


Es la mejor manera de entender lo que se abre ante nuestros ojos. Un desfiladero de unos cuatro kilómetros, un paisaje espectacular de paredes multicolores, fruto de la acción milenaria del río Igoroin o Musitu, el desagüe natural de los montes de Iturrieta. Igoroin es una de esas joyas naturales desconocidas de Álava. Su aislamiento ha preservado este rincón de las visitas masivas de montañeros, pero una vez se conoce forma parte de las rutas preferidas e inolvidables. Además, ha sido declarada reserva forestal por la Diputación, por los enormes valores de su flora.


Camino del Barranco de Igoroin

Árboles del Himalaya

Se han catalogado hasta 52 especies autóctonas de árboles y arbustos y una docena de plantas exóticas, algunas procedentes del Himalaya, fruto del trabajo del ingeniero de Montes Manuel Ruiz Urrestarazu.

Hay mucho que disfrutar en un paseo por este cañón, empezando por la presencia masiva de un árbol que siempre suele ocupar un lugar secundario en los bosques mixtos. Es el arce (principalmente el Acer opalus), que precisamente en otoño ofrece un carnaval de colores diferentes. Hay quejigos centenarios, hayas descomunales, serbales, rebollos, fresnos, avellanos, pino negro, un bosque de ribera que abraza al río ofreciendo rincones llenos de belleza.


Barranco de Igoroin

A esa diversidad florística se une la espectacularidad de los cortados de roca y media docena de cascadas, especialmente vistosas después de las nieves y las lluvias. Aunque parece un lugar salvaje, la huella humana lo tiñe todo. En el origen de la ruta, Musitu es una aldea con su iglesia de resonancia románica, sus casonas y sus huertas, lo mismo que en Onraita (962 metros de altitud) o en Roitegui, los pueblos más altos de Álava.


Barranco de Igoroin – montaña alavesa.

Precisamente, en Musitu comienza la ruta recomendada. Allí se puede dejar el vehículo en un aparcamiento bien señalado a la entrada del pueblo. Antes de llegar a la iglesia se toma una calle empinada que lleva, tras dejar una cruz, hasta una pista señalada que conduce hacia el barranco.


A la izquierda, el bosque más mediterráneo con los quejigos. En el centro, el río, con agua a pesar de la sequía y el bosque de ribera, espectacular, que invita a pararse cada instante. A la derecha, el hayedo salpicado de arces, mientras proseguimos por una pista ancha en busca de las cascadas, un verdadero premio.


Barranco de Igoroin – montaña alavesa

El misterio del molino

Hasta los años 70 hubo habitantes en el pueblo de Igoroin, formado por dos casas y una iglesia, dedicada a San Martín, justo en la mitad del barranco. Una de las viviendas ardió en los años 70 y el valle se quedó en silencio.

La última familia, los Galdeano, se marchó e Igoroin pasó a engrosar la lista de los pueblos vencidos a los que la vegetación trata de enterrar su memoria. A 150 metros, los vecinos tenían el molino harinero del que se conserva una entrada de piedra y un muro. Cuando llueve mucho es impresionante ver la fuerza con la que cae el agua por la ladera.


Molino de Igoroin

FOTOS Y ESCRITOS

ZAZPI RUIZ DE INFANTE
EL CORREO FRANCISCO GONGORA
KEPA RUIZ DE EGUINO


 
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