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El Chopo de San Juan

Fiestas y Tradiciones > El Chopo de San Juan

San Juan – La Fiesta del chopo - 1


Solsticio de verano en La Llanada – 24 de Junio

Kepa RUIZ DE EGUINO

En Agurain no se encienden hogueras en la noche de San Juan, sino que se planta un chopo gigante en un agujero frente a la iglesia.

Una tradición tan curiosa como espectacular.


Un valiente escala por el tronco del chopo con la intención de llegar hasta la ikurriña que hay en la punta.


El término solsticio define la posición del sol con respecto al ecuador. El nombre proviene del latín sol sistere, que quiere decir sol quieto, ya que los romanos creían que el sol en ese momento paraba un instante su marcha. Astronómicamente, lo que ocurre es que, en ese momento, el sol está perpendicular al trópico de Cáncer, en la posición llamada cénit, que es la más alta de todo el año. Esto es debido a que la tierra gira alrededor del sol con una inclinación de su eje de unos 24º, lo que provoca la alternancia de las estaciones y su oposición entre los hemisferios norte y sur. Por ello, el día del solsticio comienza el verano en el hemisferio norte y el invierno en el sur, así como es el día con más horas de luz en el norte y lo contrario en el sur.

La Iglesia Católica situó la festividad de San Juan Bautista en el solsticio de verano. Este santo, llamado el "precursor", también "la voz que clama en el desierto", es el único de la cristiandad que no fue cristiano.


Agurain - Carroza de San “Juanico”- Pepe el “cojico”


En efecto, Juan el Bautista fue decapitado por el rey Herodes antes de que la Iglesia de Jesucristo fuera fundada. Juan, Jokhanaan según su nombre hebreo, era llamado así porque bautizaba en el río Jordán a quienes querían ingresar en su comunidad, entre ellos a Jesús que era su primo segundo. Eran creyentes judíos, disidentes con el judaísmo oficial, que vivían en el desierto al margen de la sociedad, de ahí el motivo de su prisión y ejecución.

Los ritos asociados con el solsticio de verano, cristianizados en la fiesta de San Juan, tienen profundas reminiscencias precristianas, relacionadas con el agua, el amanecer, o lo que es lo mismo, la luz del sol, el mundo vegetal y el fuego, también símbolo del sol. Es decir, evidencian cómo el agua y el sol propician el desarrollo del mundo vegetal.

Si los romanos creían que el sol se paraba en el momento del solsticio, los antiguos vascos afirmaban que al amanecer de ese día podía vérsele salir bailando por el horizonte. En algunos pueblos de Euskadi, existía la costumbre de llevar a las iglesias, como ofrenda en el día de San Juan, flores y frutos para que el cura los bendijera. Con aquellas flores se adornaban después las casas.

También se llevaban helechos y otros vegetales, los cuales, una vez bendecidos, se quemaban durante las tormentas, en la creencia de que el humo que salía por la chimenea las amainaba. Se creía que el espino albar bendecido servía de pararrayos, así que se colocaba en las esquinas de las casas y en los cercados, para que protegiera del rayo a las personas y a los ganados.

A las ramas de fresno y de avellano también se les atribuía ese poder, lo mismo que a la flor del cardo, eguzkilore, que se clavaba en las puertas de las casas.

Hay fuentes que es tradicional visitar al amanecer del día de San Juan, como la de Santa Marina de Agurain, cercana a Sailurtegi, donde quienes padecen enfermedades cutáneas acuden a lavarse en ella. También se considera saludable andar descalzo al amanecer sobre la hierba húmeda por el rocío.


Curiosa foto de la Plaza de San Juan de Agurain con el chopo plantado y los curas y monaguillos corriendo hacia a iglesia en los años 30-40.


Como símbolo del mundo vegetal, en Agurain y en otros lugares, como Bera de Bidasoa e Igantzi, en el Bortziri de Navarra, así como en Oiartzun, Zegama y Ataun, en Gipuzkoa, se planta un árbol en la plaza.

En Agurain antiguamente también era costumbre poner ramos de flores en los balcones de las mozas, así como hacer agua de rosas y lavarse con ella al anochecer.

En algunos pueblos de la Llanada se mantiene la costumbre de hacer una hoguera esta noche, donde se quema todo lo que no merece la pena guardar en las casas, como un símbolo de la desaparición de lo malo del año que dejará paso a lo bueno.

El hecho de que en muchas localidades haya existido esta costumbre de la purificación por el fuego tanto en carnaval como a fin de año, ha provocado que no se enciendan fuegos en San Juan. Tal es el caso de Agurain, donde la plantada del chopo sustituye a la hoguera, que se deja para el día de la degollación de San Juan, el 29 de agosto.



LA FIESTA DEL CHOPO

La fiesta de la plantada del chopo en Agurain es una de las más impresionantes que se puedan contemplar. Antes de que finalice el día 23 de junio y comience el día de San Juan Bautista, en el momento simbólico del solsticio de verano, la plaza de San Juan ya se halla abarrotada de aguraindarras y visitantes, quienes conocedores del ritual, dejan un amplio espacio vacío frente al atrio de la iglesia que tiene por advocación del santo patrón.


De pronto, el rumor de las conversaciones se detiene unos instantes y todas las miradas se dirigen hacia el Portal del Rey, por donde sube un grupo de jóvenes portando sobre sus hombros el tronco de un gran chopo, que ha sido desprovisto de sus ramas, excepto en la punta. Entonces estalla la fiesta.

El gentío vuelve a la algarabía, comentando si el chopo este año es mayor o menor que el de años anteriores. Mientras tanto, los mozos han apoyado el pie del tronco junto a un agujero, preparado en el suelo para introducirlo en él.

Alguien anuda una ikurriña en la punta, a la vez que otros atan unas cuerdas más abajo, cuyos cabos son agarrados con fuerza, en tanto que los demás se disponen a empujar el tronco desde abajo, ayudados por unos maderos que forman un aspa, para evitar que el tronco pueda caer, como alguna vez ha ocurrido en el pasado.


Precisamente este es el tema de conversación preferido por el público en estos momentos. Quien más quien menos, hace gala de buena memoria, recordando éste o aquel año en el que el chopo se fue a tierra y resultó herido fulano o mengano. Afortunadamente, gracias a las medidas de seguridad adoptadas, hace mucho que no ocurren accidentes.

El alcalde de la villa dirige la operación. Los espectadores contienen la respiración. Hay que hacer todo rápidamente. Unos tiran y otros sostienen el tronco, entre gritos de ánimo y de expectación de sus convecinos, tan participantes en el ritual como ellos.

Cuando el tronco entra en el agujero y se tambalea, siempre hay alguien que teme que se caiga, pero por fin allí está, orgullosamente vertical. Se asegura su estabilidad con unas cuñas y entonces la muchedumbre ocupa el vacío alrededor del árbol. Es el momento de que los más jóvenes trepen por el tronco.

El primero hasta donde están las cuerdas anudadas, para desatarlas. Luego, unos más en serio que otros, para intentar llegar a lo más alto, hasta la ikurriña si es posible, jaleados por los presentes, entre los que los más mayores comentan que ellos, en sus tiempos, tenían mucho más estilo para subir por el tronco.



Dolmen de Sorginetxe


Es lo que tienen las tradiciones arraigadas. Poco a poco la audiencia merma hasta que el chopo se queda solo, testigo excepcional de cómo viven la fiesta los aguraindarras.

Todavía habrá alguno que al amanecer camine descalzo sobre la hierba mojada de rocío.

Arrizala, recibimiento a las autoridades de Agurain el día de San Juan
Mujeres de Arrizala, la mañana de San Juan

Textos:
Fernando Sánchez Aranaz

Fotos:
Jaso Ruiz de Alegría
Txumari Garagalza
Fernando Sánchez Aranaz
Eva San Pedro

 
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