Curanderos y Saludadores - salvatierra-agurain

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Curanderos y Saludadores

Curanderos y Saludadores

Saludador -  Salutador   (ó dadores de salud)


Curanderos y saludadores casi se confunden. Pero ambos se valen de medios extraños y a veces sobrenaturales, con operaciones de magia. El Saludador, el dador de salud, se dedicaba a curar y precaver la rabia u otros males, con el aliento, la saliva y ciertas fórmulas y depreciaciones, dando a entender que tenía gracia y virtud para dicha curación.



Abundaron en los siglos XVI, XVII y XVIII. En 1743, en Guipúzcoa, las Juntas de Justicia encargan que no permitan a los saludadores el uso de este oficio, ni pedir limosna, menos que presenten títulos legítimos. Y el mismo año se prohíbe el ejercicio de este oficio. En Alava no faltaba el tomarlos a su servicio para casos concretos de enfermedades en el ganado o en las personas. Cuenta el secretario de Agurain Fortunato Grandes en su articulo:

En todos los tiempos han tenido ancho campo de acción los embaucadores y han pescado incautos; y no sólo ha sucedido así aisladamente, sino también a la colectividad, con la circunstancia agravante de la inconsecuencia y contradicción que no sabe uno cómo explicarse si no se adjetiva con la superstición o la ignorancia de las víctimas.



En el caso que vamos a referir la víctima fue todo un pueblo y seguramente toda una región, nada menos que en los siglos XVI, XVII y XVIII.

Es incuestionable que nuestros abuelos en aquellas centurias formaban una sociedad eminentemente católica, cristiana a la antigua: de ello tenemos pruebas abundantes que resplandecen en todos sus actos: ejercitaban pública y privadamente las hermosas virtudes.

Por otra parte, el número de clérigos era muy crecido y hay que suponerle celoso en el ejercicio de su ministerio sacerdotal, con influencia sobre sus feligreses.

Con tales premisas no es fácil sacar consecuencias de que aquellos varones de Fé hicieran traición a sus convicciones cristianas , nada menos que tomando a su servicio a un saludador y sin embargo nada más cierto.

Prueba de esto es la partida siguiente que consta en las cuentas municipales del Ayuntamiento de Salvatierra – Agurain, de 1578 a 1579:

Tres ducados que por nuestro acuerdo y mandato distes y pagaste o los habeis de pagar y dar a Martín Saez de Otaza, Saludador que por nuestro acuerdo y mandato vino a esta Villa para que saludase a las gentes y ganados della porque habían andado en esta Villa cierto perros rabiosos y ganados y para quitar sospecha e inconveniente que a debizote (¿)  sucederían  se mandó traer y se le dieron por los días que estuvo en esta Villa e trabajo que recibió en ella los dichos tres ducados” .

Más tarde vemos contratado el servicio de saludador desde
1689 a 1772, valiéndose de éste como si fuera un verdadero talismán o remedio infalible contra la rabia y otras enfermedades del ganado.


En la primera e estas fechas el Ayuntamiento de Agurain contrató a Gabriel de Izaguirre  vecino de Oñate, en una fanega de trigo al año y ocho reales por cada día que viniese a visita ordinaria los meses de Marzo y Agosto.

En el año 1727 hicieron nada menos que escritura por nueve años con el saludador José Ruiz de Eguino vecino de Oyón;  en 1736 se acuerda por este Ayuntamiento abonar al saludador los dos viajes que ha hecho para “saludar” el ganado con motivo del contagio que ha habido, además de las visitas que esta año tiene obligación; y en 1772 se abona en las cuentas a Catalina de Cegama, mujer Antonio Madariaga, vecino de Cegama, ciento cincuenta reales por dos viajes para santiguar el ganado con motivo de haber andado un perro rabioso y sospecha que había mordido a un animal, siendo de advertir que la “Saludadora” era la mujer y vino dos veces en dicho año.


Dice a este propósito el P. Debrio que observaban ellos ciertos números y ceremonias llenas de superstición y hasta el más ignorante sabe que los tales saludadores era unos grandísimos embusteros. Finalmente y estimando esto mismo (es decir, que eran unos bellacos, aunque por lamentable inconsecuencia más tarde vuelven a valerse de éstos vividores). El 5 de Septiembre de 1760 se lee un acuerdo haciendo constar que no reconociendo utilidad con tener el saludador asalariado, al igual que han hecho otros pueblos se le despida, cuya resolución  fue ratificada por el Concejo.


En 1805 habíase operado saludable reacción y con motivo de haber andado un perro rabioso, se ordenó que viniese a bendecir los ganados el Padre confesor de Barría, y se le pagase ciento veintidós reales de gastos.

Que confianza tuvieran los propios saludadores en sus hechizos y jerigonzas, lo pone de manifiesto de mano maestra, este acuerdo de 1578:

Se manda decir dos misas votivas a los sacristanes de las iglesias de Santa María y Señor de San Juan en las dichas iglesias para que a las gentes y ganados de esta villa les goardase de rabia, por que así dejó por orden el “Saludador” se hiciese por cuenta de esta Villa”.

En este punto, contaba Fortunato Grandes, no podemos menos que recordar, como elocuente comentario, lo que decía nuestro gran poeta Zorrilla.

“Y en la ignorancia grosera
mezcla acaso en un ensueño
el nombre de una hechicera
con el nombre de Joová.

Con el vaticinio inmundo
De un “saludador” infame
Que el Redentor del mundo
En torpe amalgama va”.


En 1787 se reunió la Junta de Iturrieta, en la sierra de Encia, «para la Vendizión de San Bernardo por la rabia», y el mismo año pagó Contrasta «setenta y siete rs. q. correspondieron a esta villa por la limosna y gasto quando vino el Padre Bernardo a conjurar las ganaderías sobre el perro rabioso».

En 1779, Libro de Cuentas de San Vicente de Arana, se abonan «ciento diez rs. de la limosna del Fraile de Yranzu para bendecir el ganado de esta villa y personas por el mal de rabia», y en 1804 se da una azumbre de vino a los pastores y setenta y dos rs. al monje por el mismo motivo de conjurar los rebaños.

Anotaremos como dato de credulidad de aquellos antepasados el siguiente:

En las Juntas Generales de Alava de 1772, se dio cuenta de haberse publicado una orden del rey haciendo saber que muchas gentes del país acudían a Paris con el fin de curarse los “lamparones”, en la creencia que el rey de Francia tenía dicha gracia y que éstos pobres vasallos que por general hacían el viaje a pie, padecen mucho en él, caen enfermos y tal vez mueren antes de regresar, sin consuelo de verse curados de su mal; Que el rey cristianísimo no hace ya la ceremonia de poner la mano sobre los que adolecen de semejante enfermedad, como lo hacían sus antecesores por costumbre muy antigua nacida de la ignorancia y superstición de los pasados siglos; que de donde mayor número concurría era de los reinos de Navarra, Aragón y Cataluña.  
                                            

Medicu, barbero guztiac
Erremedie aundiac
Dituzte besterentzac
Escatzen dute lenena
Ardo Zarric dan onena


“Todos los médicos y barberos/  tienen grandes remedios/  para los demás/ y lo primero que piden/ es el mejor vino que haya”.  (canción euskaldun antigua).


MEDICOS, CURANDEROS Y CHARLATANES


En ese tiempo además de los médicos y curanderos estaban al servicio de las gentes los hechiceros, magos, brujos y “saludadores”; éstos últimos eran hombres que imaginaban curar enfermedades a fuerza de bendiciones, santigüaciones y soplidos. Su especialidad era curar la rabia aunque también curaban otras enfermedades, tanto en humanos como en animales, la veterinaria existía pero “el oficio sólo era desempeñado por gente baja y plebeya que no se conoció persona ilustre o caballero que lo ejercitara”.


Estos “saludadores eran muy hábiles, mañosos y embusteros, traían engañados, seducidos y desorientados obispos, médicos y aún al Santo Tribunal de la Inquisición; practicaban sus oficios en las plazas públicas, afuera de los templos, en las calles y también iban a las casas de quien los llamara. “Ahí signaban y persignaban al enfermo, recitaban oraciones que ellos sólo sabían y soplaban con la boca sobre ellos; y como los embusteros sostenían que a mayor fuerza de soplido correspondía más grande eficacia y como según ellos el vino engrandecía la potencia del soplo empezaban sus curaciones engullendo copiosos tragos de vino”.

Los “saludadores”, “ensalmadores” ó “santiguadores, no aceptaban paga alguna, si la recibían como limosna, pero era tal esa “limosna” que con un solo día de trabajo podían vivir desahogadamente toda la semana. En muchos casos éste oficio era hereditario, pues hubo casos en que el abuelo, padre e hijo lo ejercían simultáneamente.

Tal como hoy, la gente se curaba de dos formas, una era por medio de médicos instruidos que manejaban la ciencia de la época y la otra, el de las famosas recetas caseras que se trasmitían de padres a hijos. Mucho tiempo se abusó de la purga y la sangría utilizadas para todo mal.


EL SEPTIMO HIJO VARON

Se creía en la época medieval que el séptimo hijo varón de una familia implicaba necesariamente la maldición de convertirse en “lobizón” ó recibir los poderes para ejercer de “saludador”.

El “saludador” , como decíamos, recibía sus “poderes sobrenaturales” desde el mismo momento de la concepción. Como ya hemos dicho, debía ser el séptimo hijo de una familia que solamente hubiese engendrado varones, pero también podían llegar a serlo quienes nacían en la noche de Navidad ó Viernes Santo. Estos niños poseían una marca distintiva: una cruz en la bóveda palatina, que le confería a su saliva un gran poder terapéutico. En Euskal – Herria y Galicia se creía que también las séptimas hijas podían llegar a ser “saludadoras ó brujas”, cómo es el caso de Catalina de Cegama “saludadora” que visitó varias veces Agurain en 1772, según consta en nuestro Archivo Municipal de Agurain.


PODERES DE LOS SALUDADORES


En cambio para otros los poderes de los “saludadores” eran asombrosos. La cruz en su paladar confería virtudes antirrábicas a su saliva y aliento, por lo que los aplicaba sobre mordeduras mientras recitaba conjuros y oraciones. Algunas versiones decían que debía también orinar sobre las heridas, o incluso poner aceite hirviendo en su propia boca y dejar que goteara sobre la lesión. Esto último en principio puede parecer sorprendente, en realidad era un hecho menor, ya que sus poderes incluían el dominio sobre el fuego. Los “saludadores” podían caminar sobre las brasas sin quemarse, hundir las manos en aceite hirviendo, entrar en un horno encendido, tomar un hierro candente con sus manos, o alojar en su boca un tizón encendido. Tan notorias eran sus capacidades en el caso de Fulgencio de Sevilla que, luego de haber sido acusado de prácticas supersticiosas por la Santa Inquisición, tomó con sus pies y manos una barra de hierro al rojo vivo para luego lamerla. Ante la prueba de tal magnitud, el Regidor le otorgó el título de “Saludador Oficial de Murcia” en el año de 1696.
 
Pero los poderes de estos hombres extraordinarios no terminaban ahí. También se decía que tenían capacidad para amainar las tormentas y el granizo, por lo que eran especialmente apreciados en el campo.


La iglesia no tuvo una posición unificada frente a los "saludadores". Si bien en algunos lugares eran perseguidos por el Santo Oficio, en otros eran aceptados u provistos de una licencia obispal, o contratados como es el caso de Agurain por el mismo Ayuntamiento, incluso algunos prestaban servicio junto al médico. En realidad, el problema surgía porque no existía acuerdo sobre el origen de los poderes.

Sus defensores sostenían que estos poderes curativos eran otorgados por Santa Quiteria, virgen y mártir gallega del siglo I. Quiteria que era hija de un gobernador romano única superviviente de un parto de nueve niñas. Se cuenta que en su juventud huyó para evitar ser desposada, pues deseaba mantener su virginidad. Su padre ordenó al prometido que la persiguiese. Pero era tal el despecho del joven que cuando la encontró mandó decapitarla. Ante la sorpresa

de todos, el cuerpo de Quiteria se levantó tomó su cabeza bajo el brazo y caminó hasta el lugar donde ella misma había elegido para su tumba. Desde el siglo II fue venerada como protectora de la rabia, pues se decía que infundía serenidad y dulzura a los atacados por esta terrible enfermedad.


                             
LA RABIA, MIEDO Y SUPERSTICION

La rabia es una enfermedad siempre mortal que ataca el sistema nervioso y provoca encefalitis en los mamíferos. En los animales existe una forma paralítica de los roedores y una forma furiosa de los carnívoros.

El cuadro clínico de la rabia en los humanos es espantoso: Empieza con un dolor, una especie de angustia por la zona de la mordedura. Luego, el virus va escalando por el sistema nervioso en dirección al cerebro. Empiezan las fiebres, el malestar, la garganta se inflama y se paraliza. Finalmente, el virus llega al cerebro y provoca la encefalitis. Entonces es cuando se desarrollan la parálisis, los dolores y la agresividad.


Esta agresividad, la necesidad de morder, no es otra cosa que el medio que utiliza el virus para buscar nuevas víctimas, ya que se transmite por la saliva. Después de aparecer los primeros síntomas, la muerte es inevitable.

La rabia es una enfermedad tan vieja como la propia humanidad. Tres mil años antes de Cristo ya se encuentra el origen de la palabra “rabia” en la lengua sanscrita, donde “Rabhas” significa “agredir” la palabra griega “lyssa” viene de la raiz “lud” que significa “violento” .Desde la antigüedad ya se había establecido la relación entre la rabia humana y la rabia debida a mordeduras de los animales (especialmente perros).

Hasta un caluroso día del verano de 1885, ser mordido por un perro rabioso significaba por tanto morir a manos de una de las enfermedades más temidas por la humanidad desde los tiempos más remotos: la rabia. Ese 7 de Julio llevaron al laboratorio de Luis Pasteur al pequeño Joseph Meister de nueve años que había sido mordido por un perro rabioso en manos, piernas y muslos. Desde 1880 se sabía que Pasteur estaba probando una vacuna antirábica , pero sólo con animales no con humanos.

Dada la gravedad de la mordedura durante nueve días le inocularon cantidades  crecientes del virus. El joven no presentó ningún síntoma y pudo regresar sano a su casa. Llegó a ser portero del instituto Pasteur y en 1940 cincuenta y cinco años después del accidente se suicidó para evitar ser obligado a abrir la tumba donde estaba enterrado su salvador a los invasores alemanes.

Pero la historia de la “rabia” tenía muchos siglos de antigüedad , alo largo de los cuales fueron numerosos los méstodos empleados. Frente a la impotencia de médicos y boticarios, encontramos en la historia los “saludadores o dadores de salud”, modelo de curandero ó hechicero, que sólo existían aquí y que no se ha encontrado en otros países europeos. Las primeras noticias sobre “saludadores” aparecen en los tratados del franciscano fray Martín de Castañega (Tratado de supersticiones y hechicerías, 1529) y de Pedro Ciruelo (Reprobación de supersticiones y hechicerías de 1556).


TRADICIONES, CONJUROS  Y RITUALES DE LA IGLESIA

En algunas regiones se tomó como costumbre lanzar a los perros rabiosos pan empapado en aceite de una lámpara que ardiese ante la imagen de Santa Quiteria.

Por otro lado, la iglesia, que contemplaba estas prácticas como herejías tenía su propio ritual para curar la rabia que consistía en llevar a la persona rabiosa ante el sacerdote el cual, vestido con sobrepelliz y estola y pertrechado con una cruz y agua bendita, la conjuraba con gran devoción, tras lo cual cogía un poco de aceite de una lámpara que ardiese ante el Santísimo Sacramento y hacía una cruz en la mordedura. Seguidamente recitaba otro conjuro y tomaba un poco de pan y sal. Conjuraba de nuevo, seguido de tres cruces sobre el pan y la sal hechas con un cuchillo y tres cruces sobre el pan con el aceite. Finalmente recitaba un último conjuro y rociaba al enfermo con agua bendita.


Don Antonio Lafuente y otros sacerdotes en Barria en 1932


SAN BERNARDO DE BARRIA Y LA RABIA


En tiempos pasados los únicos tratamientos contra ésta enfermedad eran de naturaleza mágica o creencial. Tal y como señala Goicoetxea en “Medicina Popular Vasca” “quizá las manifestaciones clínicas del enfermo que recuerdan a las antiguas descripciones de los endemoniados fan contribuido a ello”.


En algunas poblaciones vascas se llevaban a cabo visitas a ermitas o se encomendaba al que había resultado mordido a los santos que se tenían como abogados contra la rabia y que eran San Bernardo, San Jorge y la anteriormente mencionada Santa Quiteria.

San Bernardo de Barria

Era tradición en muchos pueblos alaveses llevar a los mordidos por un perro que se sospechaba que tenía la rabia al Monasterio Cisterciense de San Bernardo de Barria, hoy desafectado (aunque se sigue celebrando el 22 de Agosto la tradicional romería). Allí le aplicaban un hierro en forma de cruz en la zona mordida y rezaban las preces para tal fin.   


SALUD Y MEDICINA POPULAR “HACER LA RESMA

Al perro que tenía la rabia le aplicaban el hierro rusiente entre los ojos. A ésta operación le llamaban “hacer la resma” . López de Guereñu recogió en Contrasta (Alava) la voz “risma”, en Opakua hemos encontrado “hacer la resma” con la que se        
designaba la señal con fuego que se hacía a los perros en la cabeza para protegerlos de la rabia. El hierro con el que se practicaba  la misma había sido previamente bendecido en el Santuario de San Gregorio en Navarra.

En algunos pueblos de la Llanada y sobre todo de la montaña en algunas casas se guardaba un hierro de marcar con el que, dicen, se grababa una cruz a fuego en la cabeza de los perros rabiosos o que se sospechaba que pudieran estar contagiados. A ésta herramienta le llamaban la “Risma de Santa Quiteria” (por lo de la abogada contra la rabia).

Debo aclarar, porque me enseñaron un chime de esos, que la cruz era de dimensiones muy reducidas. Podría inscribirse en una moneda de euro. Estos informantes me decían que la cruz “rusiente” se aplicaba a los perros como “vacuna” para que no cogiesen la rabia, pero no me supieron precisar si a todos indiscriminadamente, o cuando se producía algún caso de rabia en el pueblo.


MONASTERIO CISTERCIENSE DE BARRIA

El Monasterio de Barria consta en documento de 1237, aunque se sabe que es de gran antigüedad. Landazuri conjeturaba que era más antiguo que las mismas Huelgas de Burgos, de la que es filial. En 1345, Alfonso XI, le concedió privilegio para que no paguen pechas, derechos, fonsaderas, servicios, monedas, pastos, carretas, caminos y derechos pertenecían a la abadesa. Según el mismo Landazuri, éste monasterio según la tradición fue fundado por un rey de Navarra por lo que su antigüedad seria considerable dada la desmembración de Alava del reino de Pamplona en el año 1200.

Lugar de señorío y abadengo, herd. de Lacha y Barría, Alava. Después de haberse despoblado los lugares de Aguirre y Alacha, formó por sí solo una de las 53 hermandades de Alava, perteneciente al municipio de San Millán, al pie de la Sierra Urquilla entre dos arroyos que tributan sus aguas al Zadorra.

Figura en varios documentos como Campa de Barría. En el siglo XIX se hallaba reducido a cinco vecinos todos ellos jornaleros del monasterio para cuyo gobierno nombraba la abadesa a un alcalde mayor. La abadesa de Barría recibía el título del Compas y Lacha-Barria y nombraba alcalde ordinarios en su jurisdicción, además enviaba visitadores, daba licencia para confesar y regía independientemente del Obispo.

Dicc. Geográfico-Histórico de la Real Academia”


ENSALMO

Para curar animales y personas, así como para conjurar tempestades, tormentas, pedriscos, plagas, etc.., han venido existiendo personas dedicadas a tal fin mediante fórmulas mágicas y ceremonias no desprovistas incluso de elementos cristianos. A veces tomaban parte los mismos sacerdotes que solían conjurar las tempestades con toda solemnidad. Orixe plasmó poéticamente un conjuro practicado por un cura en su canto “Odei beltza” (La nube negra):


Ante, post, supra dextra, sinistra,
Zebiltzaten odeaiari
“Aldegizute  -apaizak die-
utzirik deabrukeri.
Mari Txindoki ta aren neskame
Zaraten sorgun beltzeri,
Sasi-azpira bil zaiteztela,
Diozuet guzieri”.


Ante, post, supra, dextra, sinistra”, dice el cura a las nubes que andan sobre su cabeza y señalándolas con la mano: “Marchad dejando vuestras diabluras, negras brujas, Mari Txindoki y criadas suyas. Os intimo a que os recojáis todas debajo de la mata”

Poema Euskaldunak


CONJUROS Y EXORCISMOS


Los municipios solían pagar sus honorarios a los saludadores, ensalmadores y curanderos. Hay varias citas en toda Euskal-herria sobre estos personajes, poniéndose un cuidado particular en remediar plagas no sólo con conjuros y exorcismos efectuados por sacerdotes expertos, sino también contratando a “saludadores”, en el Archivo Municipal de Agurain y en los pueblos de su entorno hemos encontrado numerosas citas, incluso el secretario de nuestra Villa, Fortunato Grandes en el año 1905 escribió un artículo referente a estos personajes, como ya hemos contado anteriormente. Se decía que para ser saludador se debía tener una cruz bajo la lengua y que debería ser el séptimo hijo sin ninguna hermana.


 
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