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Camilo José Cela en Salvatierra

Personajes en Agurain
Camilo José Cela en Salvatierra
Andanzas Alavesas – Cap. 2
 
Primer viaje andaluz. “Notas de un vagabundaje” 1959.

La Villa de Agurain - Salvatierra siempre ha sido lugar de paso, desde los pobladores prehistóricos sepultados en Aitzkomendi en Eguilaz, bajo el dolmen de Sorginetxe en Arrizabalaga o Berjalán hasta los modernos turistas que pasan por la N-1 cruzando hasta hace poco el pueblo; de algunos quedaron restos como los romanos en las lápidas de la ermita de San Martin (hoy Ayuntamiento de Agurain), edificadas en las cercanías de la antigua  “Villa de Alba” ; otros viajeros apenas recuperan en el lugar como en sus días el bueno de Camilo José Cela, quién en su “Primer viaje andaluz”. “Notas de un vagabundaje” nos cita, no sabemos si para bien o para mal, esto era hacia 1.950 y tantos..


“El vagabundo, tras dormir en un huertecillo entre la carretera y la vía del tren, se mete en Álava, con la luz aún rompiendo aguas por el oriente, por San Román de San Millán, lugarejo con demasiado santo y sobrados acentos.
A veces, hay pueblos que no tienen cuerpo para chaleco.  Ibarguren, en la Sierra de Urbasa (Entzia) queda a la izquierda del camino y Araya, en la falda del monte Aratz, a al derecha.
Por el pórtico de San Martín, la parroquia de Ibarguren, hay una descripción latina que, puesto en romance explica:
“Anico Reburro hijo de Reburrino, se setenta y cinco años de edad. Está enterrado aquí”.
(REBURI RINUS SE[g) - Reburrino es un nombre conocido no solamente entre los romanos, entre los que aparece en varias ocasiones, bien con esta misma forma; bien en femenino o bajo la forma original Reburro, sino también entre otros pueblos de la Hispania Céltica: entre los autrigones tenemos a un individuo llamado Anicio Reburro, hijo de Reburrino (Ibarguren, Alava). Es frecuente así mismo entre lusitanos y vettones. Su raíz es el céltico rebur-: rebelde, rizoso, del que derivan el gaélico rabhairt: marea viva, furioso, y el galés rhyferthi: tempestad Juan Manuel SOBREMAZAS - Universidad de Cantabria).

En el término de Araya duermen. Tan muertos como Reburro y Reburrino los despoblados de Aistra y de Amamio. Queden en paz.

Al salir de Navarra, los carteles indicadores desaparecen de las carreteras desaparecen así por completo y sólo quedan los de las Obras públicas, apedreados y no muy numerosos, y los municipales confusos y desvaídos.

Eguilaz, en terreno de guijo, cancho y cascajar, ve secarse su riatillo cuando el sol aprieta, por Julio y Agosto.

Tras su paso a nivel en el que las gallinas hacen títeres esquivando los mixtos y mercancías, aparece Salvatierra, un pueblo grande y en un sí es no es solemne, del que parten tantos caminos como dedos tiene una mano.

Salvatierra está a orillas del Zadorra y hasta la “carlistada”, que la desmanteló, fue villa de pétrea y ancianísima cintura.

Los despoblados –ese aviso de Dios- florecen como cardos en su buen terreno: Verececca, Udala, Mostrejón, Paternina, Zumalburu, Albizu, Abitona, Donlacu, Salurtegui…nombres que ya no significan nada, nombres muertos que se quedaron en su desnuda y sonorosa voz”…

En la Plaza de Salvatierra un orador bigotudo ofrece, a seis reales, el elixir de la eterna juventud, un jarabe negruzco – patentado- que combate, al alimón, al alimón, la calvicie, el reúma, la impotencia. Una mocita albina lo mira, casi arrobada e inconfesablemente torionda, desde un balcón en el que, aromática, enclaustrada y triste, la albahaca.

Y un peine de regalo, un peine irrompible, obsequio de la casa, para quien se lleve la primera porción del milagroso especifico que represento¡ ¡invento americano y muy científico¡¡ a seis reales¡.

Gaceo es un pueblo mínimo, a orillas del río Heredia. Los mosquitos de los chacos del río Heredia tienen fama de atroces por toda la comarca. Al salir de Daceo ya se ven, aún a dos leguas y entre los altos álamos del primer término, las dibujadas torres de Vitoria.

Por Matauco, en donde la carretera salta sobre el Zalla, pasan, unos tras otros, tres autobuses de dos pisos repletos de viajeros.

- Ehh el de la barba¡¡

El vagabundo, a cambio del corte de manga – la celtibérica higa totémica y tradicional – con que respondió, se papó un tomatazo en el ojo que se estuvo secando durante una larga media hora. ¡Dios y que puntería la del tío del autobús¡

En Ilarraza – la intención al aire y la pudibundez al sol- unos niños pequeños se bañan, chapoteadores como rana, en las estancas aguas de un regato. A la derecha del camino, pace la paciente yeguada.


"El vagabundo, nuestro vagabundo, sí es hombre de buena intención, pero también de días y de bolsa contados. En consecuencia —y por ello pide mil perdones—, sus vagabundajes son siempre un poco parciales e incompletos, un poco como deshilvanados y sin rematar. La vida no da para más. Si el Estado no fuera tan rígido y poco sentimental; si el Estado fuera más patriota y sensible, a él podría pedírsele que, sin abusar, apalabrara unos cuantos vagabundos que le explicaran España, esa cosa que el Estado, en España, históricamente ignora. Entre estos vagabundos habría que hacer una excepción: la del que suscribe; son obvias las razones.

El vagabundo, en sus juveniles propósitos, pensó en hacerse solo todo el camino. Después, como no deja de ser lógico, vino el tío Paco con la rebaja y el vagabundo se quedó en la mitad o menos. El vagabundo lleva escritos, a estas alturas, los cuatro libros —éste es el cuarto— que todo el mundo sabe. El vagabundo también tiene notas extensas y más que detalladas de las dos provincias extremeñas, de las Hurdes, de las Batuecas, de las provincias enteras de Valladolid, Palencia, Burgos, Soria, Zaragoza, Teruel y Castellón de la Plana, de la Rioja, de Alava, Navarra,  del Pallars, del valle de Arán, del Alto Ribagorza y de Mallorca. Pero el vagabundo —vuelve a pedir clemencia— está cansado; quizás, incluso, muy cansado y a lo mejor, el día que menos se piensa, pone punto final y definitivo al capítulo, ya extenso en lo que cabe, de sus vagabundajes. Será, sin duda, un día doloroso para él.

Desde Narvarte hasta Despeñaperros hay más de media España, como se dijo. Y a esta media y más que media larga España, el vagabundo, en trance de caminarla otra vez, no quisiera dejar de mirarla, si brevemente, también amorosamente, antes de asomarse al extraño y dilatado confín andaluz. Por eso, quizás, este libro, que se llama Primer viaje andaluz, empieza muy lejos de Venta de Cárdenas, la llave de la tierra de María Santísima. "

Un Nobel inesperado     

Nada más conocerse que le habían concedido el premio Nobel de literatura, un periodista le preguntó a Camilo José Cela:

-¿Le ha sorprendido ganar el premio Nobel de Literatura?
-Muchísimo, sobre todo porque me esperaba el de Física.

Un ingenioso despertar                    

Camilo José Cela, senador por designación real, se hallaba sentado en su escaño. Había tomado la palabra Mosén Lluís Maria Xirinacs y el escritor estaba dando cabezadas en plena sesión parlamentaria.

El sacerdote le importunó con la pregunta: «¿Está usted dormido?».

A lo que el Nobel le respondió: «Monseñor, no estoy dormido, estoy durmiendo».

El mosén le replicó: «¿Es lo mismo, ¿no?».

«No, monseñor, son cosas distintas» -instruyó al religioso don Camilo- «No es lo mismo estar dormido que estar durmiendo, de la misma manera que no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo».
ermundodemanue.blogspot.com.

Camilo José Cela                                 

Camilo José de Cela y Trulock, I marqués de Iria Flavia, (Iria Flavia, Padrón, La Coruña, 11 de mayo de 1916 – Madrid, 17 de enero de 2002) fue un escritor español. Autor prolífico (como novelista, periodista, ensayista, editor de revistas literarias, conferenciante...), fue académico de la Real Academia Española durante 45 años y galardonado, entre otros, con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1987, el Premio Nobel de Literatura en 1989, y el Premio Cervantes en 1995. Por sus méritos literarios, en 1996 el rey Juan Carlos I le otorgó el Marquesado de Iria Flavia, creado ex profesor.

“El vagabundo, tras dormir en un huertecillo entre la carretera y la vía del tren, se mete en Álava, con la luz aún rompiendo aguas por el oriente, por San Román de San Millán, lugarejo con demasiado santo y sobrados acentos.

A veces, hay pueblos que no tienen cuerpo para chaleco.  Ibarguren, en la Sierra de Urbasa (Entzia) queda a la izquierda del camino y Araya, en la falda del monte Aratz, a al derecha.

Por el pórtico de San Martín, la parroquia de Ibarguren, hay una descripción latina que, puesto en romance explica:

“Anico Reburro hijo de Reburrino, se setenta y cinco años de edad. Está enterrado aquí”.

En el término de Araya duermen. Tan muertos como Reburro y Reburrino los despoblados de Aistra y de Amamio. Queden en paz.

Al salir de Navarra, los carteles indicadores desaparecen de las carreteras desaparecen así por completo y sólo quedan los de las Obras públicas, apedreados y no muy numerosos, y los municipales confusos y desvaídos.

Eguilaz, en terreno de guijo, cancho y cascajar, ve secarse su riatillo cuando el sol aprieta, por Julio y Agosto.

Tras su paso a nivel en el que las gallinas hacen títeres esquivando los mixtos y mercancías, aparece Salvatierra, un pueblo grande y en un sí es no es solemne, del que parten tantos caminos como dedos tiene una mano.

Salvatierra está a orillas del Zadorra y hasta la “carlistada”, que la desmanteló, fue villa de pétrea y ancianísima cintura.

Los despoblados –ese aviso de Dios- florecen como cardos en su buen terreno: Verececca, Udala, Mostrejón, Paternina, Zumalburu, Albizu, Abitona, Donlacu, Salurtegui…nombres que ya no significan nada, nombres muertos que se quedaron en su desnuda y sonora voz”…

En la Plaza de Salvatierra un orador bigotudo ofrece, a seis reales, el elixir de la eterna juventud, un jarabe negruzco – patentado- que combate, al alimón, al alimón, la calvicie, el reúma, la impotencia. Una mocita albina lo mira, casi arrobada e inconfesablemente torionda, desde un balcón en el que, aromática, enclaustrada y triste, la albahaca.

Y un peine de regalo, un peine irrompible, obsequio de la casa, para quien se lleve la primera porción del milagroso especifico que represento¡ ¡invento americano y muy científico¡¡ a seis reales¡.

Gaceo es un pueblo mínimo, a orillas del río Heredia. Los mosquitos de los chacos del río Heredia tienen fama de atroces por toda la comarca. Al salir de Daceo ya se ven, aún a dos leguas y entre los altos álamos del primer término, las dibujadas torres de Vitoria.

Caricatura de Camilo José Cela, Damián Flores Llanos
Por Matauco, en donde la carretera salta sobre el Zalla, pasan, unos tras otros, tres autobuses de dos pisos repletos de viajeros.

- Ehh el de la barba¡¡

El vagabundo, a cambio del corte de manga – la celtibérica higa totémica y tradicional – con que respondió, se papó un tomatazo en el ojo que se estuvo secando durante una larga media hora. ¡Dios y que puntería la del tío del autobús¡

En Ilarraza – la intención al aire y la pudibundez al sol- unos niños pequeños se bañan, chapoteadores como rana, en las estancas aguas de un regato. A la derecha del camino, pace la paciente yeguada.


 
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